Cómo decir todo lo que veo en ti. Cómo trasladar todas mis percepciones dentro de ti. ¿Te lo creerías? Pensarías, seguro, que estoy loca. O quizá no, porque tú también las tuviste alguna vez, tiempo atrás, con alguien.
Esta tarde hace sol (te encantaba el sol, ¿verdad?), y me recuerda a tus ventanas abiertas de par en par interrumpiendo un sueño profundo del que no me quería despertar. La frescura que entraba a través de ellas desde la calle se confundía con la de tus movimientos acelerados mientras ibas de un lado para otro de aquel piso que tanto me gustaba.
Yo observaba tu silueta cuando esta aparecía cerca de la puerta del dormitorio, pero lo hacía casi sin respirar, por no hacer ruido, para que no te percataras de mi presencia, para que no decidieras que yo no debía estar allí.
Y así, cada vez, yo me preguntaba si esa sería la última vez que yo estaría tumbada encima de esa cama, contemplando la misma escena, y me aferraba a ella como un bebé al pecho de su madre, para que no me arrancaran aquello que me había dado la vida.
Ahora ya no existe nada de aquello: ni aquel piso de la calle de la Churraskita, ni las tardes de paz de aquellos domingos eternos, ni las burbujas.
